Gestión del conocimiento en la Red: la pedagogía de la abundancia y las teorías DIY –Do it yourself–. (Parte I)

Dentro de las aproximaciones teóricas que venimos haciendo respecto a la educación en la era digital, hoy hablaremos de cómo los nuevos modelos de gestión del conocimiento determinan las exigencias a las que debería responder el cambio del sistema educativo que perseguimos. Es preciso recalcar que en esta serie de artículos en los que vamos comentando cómo la tecnología transforma las tradicionales formas de enseñar y aprender, nos centramos sobre todo en la enseñanza superior no reglada. Recordamos que nuestro escenario es el aprendizaje de segundas lenguas en la edad adulta, por tanto se sobreentiende que no hablamos aquí ni de primaria, ni de secundaria ni de grados universitarios. Si bien algunas coyunturas pueden ser comunes, no así todas las conclusiones y opiniones que podamos llegar a plantear en este blog.

pedagogia-de-la-abundancia-contenidos-devaluados

Es indiscutible que las nuevas tecnologías han modificado por completo la gestión del conocimiento y la manera que tenemos de relacionarnos con los contenidos, así como con los medios y canales que utilizamos para recibir esa información. En la educación tradicional, contenido, forma, discurso y pedagogo son –o eran– un mismo agente. La relación que vincula la entidad educativa y al estudiante es una relación vertical en la que el alumno es receptor de conocimiento, gestiona la información que recibe y puede interactuar en esa esfera pública que es la escuela o entidad educativa. La era digital ha transformado el escenario por completo. El contenido y el medio ya no los controla un sólo agente productor de información y conductor del contenido y la forma, sino que se produce de manera exógena a la entidad educativa. El contenido y las fuentes de información son abundantes y complejas. Actualmente cada persona es potencialmente un productor de información en la red. Es decir, que el flujo de información que nos llega es constante, abundante y complejo. Por tanto, todos los sistemas que rigen nuestra vida, entre ellos el educativo, no estarán a la altura de las circunstancias si no tienen como punto de partida este nuevo tablero de juego.

Pedagogía de la abundancia

Una de los conceptos que se escucha hace años para definir el nuevo panorama educativo es el término Pedagogía de la Abundancia. Precisemos de dónde viene este término, a qué hace referencia y qué puede aportar esta teoría al planteamiento del cambio, así como algunas propuestas pedagógicas que intentan responder a este planteamiento educativo.

pedagogia-de-la-abundancia-rol-profesor-activo

Es evidente que nuestra relación con el contenido, como ya hemos comentado arriba, ha cambiado (Weller, Martin, 2011). Resulta muy interesante utilizar términos económicos cuando hablamos de educación, porque en general, siempre pueden sacarse analogías jugosas cuando se habla de oferta y demanda en cualquier ámbito de la vida. La tercera acepción de la RAE del término “Economía” dice así: “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos.” Es decir, en la misma definición del concepto, se utiliza el concepto “escasez”, haciendo referencia a la necesidad de gestionar bien los bienes disponibles, a menudo escasos. Por tanto, la escasez ha estado históricamente vinculada a la definición misma de economía. Cuando hablamos de gestión del conocimiento, de la información o del contenido, poco cambia la cosa. Tradicionalmente el contenido también estaba disponible, en libros, bibliotecas, enciclopedias, etc. Pero nunca había habido un salto cualitativo tan grande en la cuestión del acceso al conocimiento como el que se ha producido en los últimos veinte años. Es decir, además de la sobreabundancia de contenido e información, se ha democratizado el acceso a los mismos.

Todo parece bueno hasta aquí. Pero lo que sucede en economía cuando algo abunda o hay mucha gente ofreciendo lo mismo como consecuencia de un aumento de la demanda, es que tanto el precio como el valor de ese producto disminuye. La pedagogía de la abundancia identifica la demanda con los estudiantes o sujetos en procesos de aprendizaje, y la abundancia a la que se refiere su término es el exceso de recursos y de información disponible para los sujetos que aprenden. Es decir, no sólo se ha producido un cambio a nivel tecnológico por el hecho de utilizar artefactos digitales, si no que la conexión a Internet ha modificado radicalmente nuestra relación con el contenido y nuestras formas de gestionar el conocimiento. La consecuencia es evidente: el contenido se devalúa. ¿Dónde encontraremos entonces la forma de darle valor?

Además, cuando repasamos la literatura referente a la Pedagogía de la Abundancia, se resalta también la paradoja del tiempo: cuanto mayor flujo de información parece que recibimos, más escaso sin embargo es el tiempo del que disponemos para procesar y gestionar esa información. Martin Weller menciona la escasez del tiempo como recurso en contraposición a la abundancia de información.

martin-weller-pedagogy-of-abundance
Perfil de Martin Weller en Twitter

Cuando entre el gremio de profesores se comenta la necesidad de un cambio educativo, casi un 90% de las veces la conversación cae en el debate fácil de las ventajas de la incorporación de las TICs en el aula; o el intento de promover actividades que impliquen la interactuación en la red –bien a través de compartir materiales en formato digital o proponer tareas en comunidades de aprendizaje paralelas–; o bien cómo crear vínculos con el alumno más allá del tiempo en el aula física, etc. Es decir, se persigue motivar al alumno y que realmente se produzca engagement. Sin embargo, pocas veces se llega al fondo de la cuestión. No se trata de que como profesores estemos a favor o no de incorporar la tecnología en el aula, un discurso ya bastante obsoleto por evidente (evidentemente que sí). Si no que el cambio ya se ha producido en las mentes de los alumnos, ellos ya tienen otra mente diferente, otra forma de relacionar ideas y otra forma de gestionar su conocimiento. La manera que tienen de aprender ya no se reduce a al esfera del colegio o de la universidad. El aprendizaje sucede fuera. Ya no fuera, si no en todos los sitios al mismos tiempo. El conocimiento se gestiona en red y es imparable y complejo. Cualquier propuesta pedagógica que no parta de este principio está condenada a fracasar.

El año pasado tuve la suerte de leer a Sennett por primera vez. Richard Sennett, que es un sociólogo de indispensable lectura si se quiere indagar en cómo las nuevas formas de educación y trabajo afectan a la personalidad del individuo. Uno de los puntos de partida de su ensayo La Corrosión del Carácter, era cómo había afectado la inflación de títulos o credenciales universitarios y cómo había repercutido esta inflación en las biografías laborales de los individuos en la actualidad. Mientras se sigue pretendiendo que los títulos universitarios son un valor añadido necesario para el desarrollo de la vida laboral (grados superiores, másteres, postgrados, etc.), algo que podría casi describirse como la “burbuja credencialista”, la realidad es que la sobreabundancia de títulos, la facilidad de acceso a la Universidad y a la educación no reglada, han devaluado el estatus de lo que solía ser tener un título universitario. Lo que por una parte es bueno porque democratiza el acceso a la educación, tiene como consecuencia paralela la pérdida de valor social de los mismos títulos, o de la percepción que la sociedad tiene sobre el hecho de tener títulos o no tenerlos. Esto no es una opinión, es un hecho.

Podemos continuar esta metáfora con la información. Cuando estudié la carrera de Periodismo en Madrid se solía decir que la información era poder. Ahora la información ya no es poder, porque a ella tiene acceso todo el mundo, o digamos mejor, todo el mundo tiene potencialmente acceso a la información. Ahora el poder reside en decidir qué es información y qué no lo es. Es decir, el poder lo tiene quien decide qué es información. Por ello creo que aquí radicaría en todo caso la diferencia entre por dónde debemos empezar a educar y por dónde no. Educar pensando en potenciar el pensamiento crítico que ayude a los sujetos a discriminar fuentes de información y contenido, educar con el objetivo de guiar a los estudiantes en el camino para desarrollar capacidad crítica para que ésta les permita detectar de dónde viene la información que obtienen y que puedan llegar a ser críticos incluso para cuestionar en todo momento el proceso mismo de aprendizaje en el que están inmersos, contribuyendo a cambiar las cosas si fuera necesario.

“Escasez o la abundancia” son términos que corresponden a la producción y no al consumo. Es decir, que los excedentes son resultado de un exceso de producción, en este caso de información o contenido. ¿Cómo educar o guiar en el aprendizaje para que los sujetos sean autónomos en su aprendizaje y desarrollen capacidades críticas para aprender durante toda la vida? He aquí el rol del profesor.

Sigamos…

(Seguir leyendo la parte II de este artículo…)

Julia Morer
Twitter Julia MmZz 
Serie de artículos #Gestión del conocimiento en la Red

Bibliografía:
Weller, Martin (2011). A pedagogy of abundance. Spanish Journal of Pedagogy, 249 pp. 223–236.
Sennett, R. (2010). La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, Barcelona: Anagrama, S.A.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *